La curiosidad óptica de la sucesión de Fibonacci

Un extravagante problema sobre la cría de conejos lleva a una curiosa y famosa serie de números con muchas aplicaciones en ciencias, matemáticas y teoría de juegos. Se trata de la sucesión de Fibonacci, descrita en Europa por el matemático italiano, Leonardo de Pisa.

En la serie cada número es la suma de los dos que le preceden: 0, 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55, 89, 144... y así sucesivamente. (El siguiente número de la serie sería 89+144=233)

La sucesión fue descrita en el siglo XIII como la solución a un problema de la cría de conejos: «Cierto hombre tenía una pareja de conejos en un lugar cerrado y deseaba saber cuántos se podrían reproducir en un año a partir de la pareja inicial, teniendo en cuenta que de forma natural tienen una pareja en un mes, y que a partir del segundo se empiezan a reproducir».

En el año 1202, Fibonacci publicó un libro titulado Liber Abaci, en el que incluyó la conocida espiral, denominada “sucesión de Fibonacci” que aparece constantemente en la naturaleza.



Fibonacci demuestra que la naturaleza tiene mucho que ver con las matemáticas. Esta sucesión, no son sólo números, sino que aparece en las ramas de los árboles, en la disposición de las hojas en el tallo, en las flores de las alcachofas y de los girasoles, y en la configuración de las piñas de las coníferas. Además de encontrarse en la estructura espiral en el caparazón de algunos moluscos.

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