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Los aztecas y los rituales sangrientos en los que arrancaban corazones

Para los aztecas era tan primordial el sentido del deber con los dioses, que creían que las ofrendas de sangre eran necesarias para mantener la vida sobre la Tierra. Por eso, todos sus rituales guardaban la esencia de morir para nacer; de morir para satisfacer a los dioses.

Para ellos, la muerte era lo que daba significado a la vida. Iniciaban guerras con el único fin de apresar a sus adversarios para sacrificarlos en lo alto de empinadas pirámides ceremoniales.

La palabra azteca “sangre” significa literalmente “agua valiosa”.

Los sacerdotes arrancaban el corazón del prisionero y dejaban que su sangre bañara el suelo, pues se suponía que aumentaba la fertilidad de la tierra y la probabilidad de lluvia.

Los aztecas elegian su propio emperador, que era también sumo sacerdote y cabeza del ejército. Venerado por su pueblo, se le dotaba de estatus divino y se decía que podía comunicarse con los dioses.

Cada nuevo emperador debía mostrar su valía aportando nuevos territorios, para lo cual se embarcaba en continuas luchas. A principios del siglo XVI, el imperio contaba con 489 ciudades-estado y se extendía por la práctica totalidad del centro y sur de México.



Fue en el siglo XII d.C. cuando los aztecas llegaron al valle de México. Según sus creencias, Huitzilopochtli, su dios principal, condujo a su tribu nómada al valle y les permitió asentarse en una isla de las marismas del lago Texcoco donde fundaron la capital Tenochtitlán, alrededor del 1325 d.C..

A pesar de las adversidades geográficas de la zona, aprendieron a cultivar sobre estructuras flotantes y, poco a poco, a base de continuas guerras y alianzas, lograron expandir su reino, convirtiéndose en un gran imperio. Su economía estaba basada en un sistema de cobro de tributos muy eficiente, por eso en el comercio, Tenochtitlán llego a ser una de las ciudades mas grandes del mundo.

Cuando Hernán Cortés (1485-1547) llegó a América al mando de un pequeño ejercito español, se horrorizó con los sacrificios humanos que realizaban los aztecas. Dos años más tarde, de Tenochtitlán solo quedaban las ruinas, y el territorio azteca se había convertido en una colonia española.

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