Si la ciencia fuese una cama, el microscopio sería una de sus patas

¿Sabías que la palabra microscopio está formada por las raíces griegas “mikrós” y “skopéo”, que significan respectivamente “pequeño” y “observar”? Así, parafraseando a Víctor Hugo y Gilbert Keith Chesterton, “el microscopio empieza donde el telescopio termina”, en tanto que “el telescopio empequeñece el universo y el microscopio lo agranda”. 

La mayor parte de la vida es invisible, y precisamente por ello, los primeros grandes avances en ciencia –y en particular en las ciencias biológicas, como la enunciación de la Teoría Celular– se deben a la invención del microscopio óptico, tallándose lentes que llevaron el sentido de la vista humana más allá de sus límites naturales, pudiendo apreciar “el mundo de lo pequeño”. La historia lleva años contándonos un cuento en el que los seres microscópicos son los protagonistas, y no nosotros, como ignorantemente tendemos a creer.

Pero, ¿de dónde vienen los microscopios? Las excavaciones arqueológicas han aportado numerosos descubrimientos de distintos tipos de lentes con antigüedades de miles de años. Así, los intentos de amplificar imágenes se remontan a los griegos y romanos.

En la actualidad se debate si la invención del microscopio compuesto de dos lentes fue obra de los hermanos holandeses Juan y Zaccharias Jansen (1590) o del italiano Galileo Galilei (1609).

Sin embargo, tradicionalmente su invención suele atribuirse al naturalista inglés Robert Hooke (1655), quien fabricó un microscopio con dos lentes de unos 30 aumentos. Observó gracias a él que el corcho estaba constituido por una fina trama de pequeñas celdillas rectangulares con aire dentro, a las que él llamó “cellulas”, un término habitual para designar pequeñas habitaciones en los monasterios. Actualmente sabemos que esos compartimentos divididos por paredes son, en realidad, “los huecos” que las células dejan al morir.


Tamara Esquivel Martín (Palencia, 1993). Graduada en Biología Sanitaria desde 2016. Actualmente es doctoranda en Educación en la Universidad Autónoma de Madrid. Investiga en la línea de Didáctica de las Ciencias Experimentales y las Matemáticas para el Cambio Educativo y la Justicia Social. Con sus investigaciones trata de facilitar el aprendizaje de las ciencias en Educación Primaria y Secundaria. 

 



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Tamara Esquivel Martín

Tamara Esquivel Martín (Palencia, 1993). Graduada en Biología Sanitaria desde 2016. Actualmente es doctoranda en Educación en la Universidad Autónoma de Madrid. Investiga en la línea de Didáctica de las Ciencias Experimentales y las Matemáticas para el Cambio Educativo y la Justicia Social. Con sus investigaciones trata de facilitar el aprendizaje de las ciencias en Educación Primaria y Secundaria.

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